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La Cultura de Dietas

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Pesaba 45 kilos y creía que estaba gorda. Si tengo que describir mi experiencia de los 14 años de edad diría: tenía mucha hambre pero me auto convencía de que no. Llegué a pesar 37 kilos y sólo tenía fuerzas para respirar. Pero estaba feliz. Capaz que esa felicidad duró 3 meses, no lo sé, dormía todo el tiempo y andar hambrienta por la vida no te deja absorber las experiencias ni tener buen registro del paso del tiempo. Hasta que tuve mi primer atracón y comenzó la primer gran subida de peso. Los 55 kilos todavía me colocaban dentro del parámetro de peso normal de la tablita esa de mierda del consultorio del médico. Pero yo me sentía gorda. Como cuando pesaba 45 kilos, pero ahora con 55 kilos. Repetí el proceso tantas veces que llegué a casi 90 kilos. Sentirme gorda, hacer dieta, engordar más. Sentirme más gorda, hacer dieta, engordar aún más.

Vamos por el Newsletter #15, y si me seguís leyendo es porque tu vida se sintió muy similar a la mía. Si tuviste alguna charla conmigo por mensaje directo o con videollamada capaz que se te cruzó por la cabeza: ‘Esta mina me lee el pensamiento’. Y no, no practico la clarividencia, pero me puse como meta (de vida) desenmascarar el motivo ulterior de todo el quilombo que viví con la comida por más de 15 años. Si hasta ahora no te quedó en claro, te lo dejo escrito a continuación.

¿Por qué comenzó todo el desorden que hoy experimento con la comida?
Porque un día me dispuse a hacer locuras solo para bajar de peso.

No me voy a detener en la excusa que te pueda venir a la cabeza de porqué quisiste bajar de peso inicialmente…. ‘Me lo dijo el médico’ / ‘Es por salud’ / ‘Me veía gorda y no toleraba como me veía’ / ‘Quería sentirme mejor’. Ya hemos hablado de todo eso, y lo seguiremos haciendo. Pero el origen bien puro es ese: manipulaste la comida para bajar de peso. La bola de nieve, desde ahí en adelante, comienza a rodar. Muchos logran salirse de la caída inminente, se agarran de cierto raciocinio que los que caímos no teníamos. La bola sigue rodando, se hace cada vez más grande, y no tiene fin. Hoy no sabés si fue el huevo o la gallina, si estás gordo porque perdés el control con la comida o si estás depresivo por lo gordo y por eso comés. La comida y el peso corporal van de la mano. La comida y la estética corporal responden a la concepción cultural de la época en la que vivimos. La cultura de dietas es omnipresente pero ya imperceptible, y es normal querer bajar de peso siempre, es normal enseñarle a los niños que el pan engorda, es normal matarse en el gimnasio para conseguir el cuerpo que querés.

Es normal ir a la nutricionista y que el objetivo de tu visita sea bajar de peso. ¿Para qué otra cosa la gente va al nutricionista sino? Hasta que te encontrás con Laura Thomas con un doctorado en Nutrición y te dice, en la primer consulta, que te olvides de la ciencia de la nutrición, de los macronutrientes, de esto de comer ‘saludable’ que está tan de moda. Que te olvidés, además, de bajar de peso. Pero de manera temporaria, antes de que la odies y se te muera la última neurona que todavía no se cansó de tu tema con el peso y la comida.

TODO LO QUE CONOCÉS DE NUTRICIÓN, DEJALO DE LADO POR EL MOMENTO. Primer punto de la Dra. Thomas.

Como si te encontraras con los Men in Black y te hicieran ese disparo de lucecita que te hacía olvidar de todo. No podés recurrir a ninguna teoría, estudio, método o comprobación científica. Sacrificamos el conocimiento por un bien mayor, sabiendo que dejar de lado temporalmente los lineamientos de nutrición no va a ocasionar un desmejoramiento de la salud en el largo plazo. Todo lo que conocés de nutrición, olvidatelo.

¿Por qué?

Porque tus elecciones, de ahora en adelante, y puede que lo tomes como herramienta para el resto de tu vida, van a ser basadas en tus preferencias y en tu satisfacción (tenés el Newsletter sobre la Satisfacción, pedimelo si no lo recibiste). Preferencias y satisfacción. ¿Qué prefiero? ¿Qué realmente quiero comer? Y no lo que ‘debería’ (recordá la lucecita flasheadora de Men in Black). Para saber verdaderamente cuáles son tus preferencias, vas a tener que explorar sensaciones. La experimentación se logra cuando se le da lugar a las posibilidades (con la comida y con la vida toda). Si no tenés posibilidades, porque las eliminaste en primera instancia con tus reglas de nutrición, nunca vas a saber tus parámetros internos. Te hago la traducción al criollo: si querés una chochotorta de desayuno del día lunes, comé la chocotorta sin escuchar todas las comprobaciones científicas de porqué no deberías comer esa chocotorta.

Ahora, como un gran paréntesis y para filosofar un poco, ¿no te parece loco que estamos dispuestos a sacrificar nuestras sensaciones con la comida sólo para bajar de peso? Nos anestesiamos y preferimos comer unos discos de arroz sabor telgopor del bueno solo para después atracarnos con todas las sensaciones que el disco de arroz no nos dio. Para pensar…

El dietista crónico promedio sabe más de nutrición que su nutricionista de cabecera. Conoce las calorías exactas de todos los alimentos, sabe cuáles elevan más la insulina, cuáles retardan la lipólisis, los efectos del ejercicio en ayunas y el proceso de movilización y oxidación de las grasas. Ya no necesitás saber más. Es tiempo de conocerte a vos mismo.

LA NECESIDAD DE BAJAR DE PESO (autopercibida o comprobada por tablita chota de IMC) PONELA EN PAUSA TEMPORARIAMENTE. Segundo punto de la primer consulta con la Dra Thomas.

Vale aclarar que la Doctora tiene 30 años, tiene miles de títulos en su haber, pero lo más valorable es que vivió en carne propia el descontrol y obsesión con la comida. Hasta que un día se topó con el libro del Comer Intuitivo y tuvo que poner en pausa todo el conocimiento que tenía sobre nutrición. Y tuvo que dejar de lado la necesidad que tenía de bajar de peso después de haber aumentado al peso máximo en su vida. Así, incómoda como estaba, incómoda como yo estuve, incómodo como vos debés estar, la baja de peso no es una opción ahora. Siempre podés volver a las dietas y a los programas para bajar de peso. La opción siempre va a estar ahí y cada vez vas a tener propuestas más y más refinadas, por las que vas a tener que pagar muchísimo, pero que te van a permitir llegar a tu peso ideal y mantenerte ahí unas 78 horas.

¿Por qué dejar de lado el parámetro de descenso de peso?

Porque el deseo de descenso de peso viene con su intención hermana, que es la restricción. La restricción viene con su herramienta predilecta, la privación. Y en la práctica, terminás ‘aguantando’ el hambre y limitando las cantidades de tus ingestas. Y acá cerrás mi idea principal de que todo el problema que tenés hoy con la comida es por haber querido bajar de peso en primera instancia.

¿Que hago, Noe, si todavía quiero bajar de peso después de haber transitado todo el camino del Comer Intuitivo?

Primero, te recomiendo el libro ‘Mi Cuerpo Sin Reglas’, de esa autora re capa que es de Córdoba. Yo estuve en ese mismo lugar, con esa misma pregunta que hoy te estás haciendo. Busqué en mi mente y entendí los verdaderos motivos detrás del deseo de bajar de peso (te voy adelantando el tema del próximo Newsletter). Cuando sané los motivos verdaderos, me enfrenté a ellos y los reconocí por lo que eran, me liberé. Y con esa liberación se fueron varios kilos que tenía encima, como quien da un suspiro y deja ir una carga que hace mucho venía soportando. Hoy amo mi cuerpo. Y cuando se me cruza el deseo de bajar de peso por la cabeza, lo cuestiono. Generar una insatisfacción con vos mismo, más que promover un cambio, genera autoboicot y resistencia. Capaz que es lo has venido generando todo este tiempo. Sólo resistencia.

El año pasado encontré en Facebook la publicidad de Plus Forma (hacé click en la portada de este email para ver la imagen). ‘No sea flaca, use Plus Forma’. El ideal de belleza de los años ‘60 estaba marcado por cuerpos curvilíneos y redondeados. Le mandé la publicidad a una amiga, y me respondió: ‘Nacimos en la década incorrecta’. Me hubiera gustado responderle que sí, que los 60s se hubieran sentido naturalmente bien. Pero no se sentía nada bien para las flacuchas contemporáneas que consideraban que no tenían novio porque su cuerpo no era como el de la Coca Sarli, ¿o no?.

En todos los tiempos hubo una línea que mantener, estilos que nada tienen de naturales pero que la sociedad requiere. Hoy es la búsqueda obsesiva del cuerpo fitness, si no hacés dieta no sos ‘saludable’ y si no tenés ganas de bajar de peso cuando la opinión de la mayoría es que deberías de bajar es porque hay algo inherentemente mal con vos. Es esta cultura formada y avalada por nosotros mismos. Y la seguimos consumiendo. Los mismos profesionales de la salud la consumen y adoctrinan a sus pacientes con sus reglas, todo en nombre de la ‘salud’.

Si volvés al título del Newsletter, es de justamente esto de lo que quería hablar.

¿Por qué comenzó todo el desorden que hoy experimento con la comida?
Porque un día me dispuse a hacer locuras solo para bajar de peso.

Alguna creencia muy instaurada en la sociedad me hizo sacar la conclusión de que si no estoy conforme con quien soy, si siento que hay algo mal en mi, tengo que bajar de peso. Porque básicamente eso es lo que consumimos diariamente. Hay algo mal en nosotros cuando decidimos mirar hacia adentro, escuchar mi cuerpo, y ya no tanto buscar afuera. Los de afuera se molestan porque decidimos conformarnos con este peso que tenemos, que no es saludable y que es incómodo de mirar. Es rebeldía predisponerse a practicar comer intuitivamente cuando estás en el peso más alto de tu vida. Es un acto de rebeldía, no de los que queman gomas en la calle y rompen vidrieras de locales privados, sino de los que quiebran todos los preconceptos limitantes que tenemos con respecto a nuestra persona.

Cuando hayamos logrado quebrar con la época de ‘No sea gorda, use XXX’, no creemos nuevos estereotipos tan estrechos que se conviertan en una lucha habitarlos. Miremos hacia adentro, nos contactemos con el cuerpo. Allí se encuentra la sabiduría de siglos que muy poco sabe de estereotipos y mucho sabe de compasión y amor propio.

Es tiempo de darnos la oportunidad de sanar.
Es definitivamente la década correcta.

Noe

Te dejo el link del video que grabé como soporte del Newsletter.

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