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No nacimos odiando nuestros cuerpos.

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‘Hacer dieta es la cura que no funciona para una enfermedad que no existe’.
-The Fat Underground

Todo lo que SENTÍS tiene origen en algo que creés. Los pensamientos, esos que te pasan por la cabeza todos los días, se alinean a las creencias. Tenemos entre 12 mil a 60 mil pensamientos diarios, de los cuales 98% se repiten de un día para el otro. Pensamientos que se repiten, afirman creencias. Creencias afirmadas se vuelven parte de nuestra identidad. La principal ley del cerebro es mantenerse consistente con tu identidad, es decir, lo que vos creíste de vos mismo.

Todos esos pensamientos automáticos están basados en lo que alguna vez creíste como la verdad absoluta y que nunca cuestionaste. Tus pensamientos te llevaban siempre a la misma conclusión porque la creencia original nunca se modificó. Tomate unos segundos para reflexionar sobre tu exposición a la verdad de un cuerpo ideal, de un peso ideal, cientos y cientos de imágenes de cuerpo que refleja la felicidad, la belleza y la sensualidad (para no decir el poder). ¿Hace cuántos años aceptaste esa versión de la verdad como tu sistema de creencia? ¿Hace cuántos años tu identidad se resume en la eterna búsqueda de esa creencia?

La búsqueda es eterna y nunca llega, aún así seguimos adhiriendo a ella. Debe existir un sentido de realización muy grande añadido a la meta. Dedicamos tiempo y esfuerzo físico y mental en perder 10 kilos, y luego 5 más, y luego los últimos 3, y luego un poco de porcentaje de grasa. Debe haber algo muy importante que creemos que obtenemos al seguir sólo adhiriendo, pero nunca obteniendo. Hay una ambición, un sentido de autosuperación, un motivo de quasi vivir. ¿Qué clase de aspiración de vida es bajar 10 kilos? Y no estoy siendo extremista y sí digo aspiración de vida, porque el bajar esos kilos aparece en las resoluciones de Año Nuevo del 95% de las personas. Entonces sí sentís que determina drásticamente tu vida. Podríamos aspirar a una verdadera grandeza, a una carrera exitosa, a viajar, a ayudar a otros, a compartir amor, a iluminarte espiritualmente, a cualquier cosa que sientas que deberías hacer con tu vida y que disfrutarías si tuvieras esos kilos menos.

Oprah Winfrey, considerada una de las 10 mujeres más adineradas del mundo, siempre dijo: Ya bajé como 300 kilos… toda la vida intentando bajar esos mismos 10 ó 15 kilos que siempre regresan. Tanto éxito, tanta fortuna, tanto poder y, aún así, tanto tiempo invertido en creer que el cuerpo ideal es lo último que le proporcionaría la felicidad. Si sos Oprah Winfrey, no existe sociedad a la que tengas que convencer de aceptar tu cuerpo. Sos la fucking reina del mundo, podés manejar las masas. A la única que Oprah tenía que convencer era a Oprah.

‘El problema no sos vos.
El problema no es tu cuerpo.
El problema es la cultura.
El problema son las reglas.
El problema es el ideal.’
-MEGAN CRABBE, The body positive power.

EL problema es que seguimos adhiriendo al problema…

Concebir que el problema es la creencia y no tu cuerpo, es el mayor de los desafíos. Por eso parece tan difícil ACEPTARSE. Es el cambio de identidad el que parece que se retuerce por dentro. Todos lloran cuando les propongo aceptarse. Está tan asimilado a nuestra identidad que es como amputar una mano e imaginarse una vida viviendo sin esa mano, siendo pintor o músico. Es así de doloroso… pero una vez que derrumbás esa paredón mental comenzás a vivir una etapa de tranquilidad, de paz con la comida y con tu cuerpo, seguida de una etapa de enamoramiento de vos mismo… seguida de una vida de oportunidades. Te estoy haciendo el spoiler de la historia para que no te quedes en el ‘ES TAN DIFÍCIL’ y te metas en la posición de víctima de ‘porqué a mí’.

Uno de los más reconocidos estudios sobre desórdenes alimentarios fue dirigido por Anne Becker, profesora de la Universidad de Harvard en la carrera de Medicina. El objetivo era el comprobar la hipótesis de que es la exposición constante a estereotipos lo que determina como la percepción de nuestro propio cuerpo. Te cuento la historia completa de cómo llegaron a comprobar la hipótesis:

Antes de 1995, en la provincia de Nadroga, en las Islas Fiji, no existía la televisión. Los valores tradicionales de la población isleña demostraban una preferencia por un cuerpo femenino robusto y fuerte, y se percibía un buen apetito como signo de salud. Las personas se preocupaban si alguien perdía peso y, en términos generales, se relacionaba el adjetivo ‘flaco’ a cualidades de debilidad. Lo más notable, hasta antes de la llegada de la TV, sólo había registro de un solo caso de anorexia en toda la población. La concepción de ‘hacer dieta’ para perder peso no tenía sentido en la lengua fijiana. Hasta que la televisión llegó…
Después de tan sólo 3 años de exposición a programas televisivos occidentales, mayormente de Inglaterra y Estados Unidos, 74% de las adolescentes comenzaron a expresar que se sentían ‘muy grandotas’ o ‘muy gordas’. 15% de las mujeres reportó haberse inducido el vómito como método de control del peso.

Te dejo fragmentos de las entrevistas a las adolescentes fijianas:

…’Cuando veo los personajes de la televisión, la forma en que se comportan y el énfasis que hacen en sus cuerpos, y en la forma que sus cuerpos tienen, pienso: ellos son flacos y sus cuerpos tienen esa forma. Y yo también quiero tener el cuerpo que ellos tienen, yo también quiero ser flaca.’

No nacimos odiando nuestros cuerpos. Aprendimos a hacerlo…

Existió un tiempo en tu vida cuando tu cuerpo no era tu peor enemigo. Un tiempos antes de que empezaras a reconocer las ‘fallas’, un tiempo antes de que las dietas fueran la opción para arreglarte. ¿Tenés registro de ese tiempo? Yo sí tengo registro de ese tiempo, un tiempo de libertad con cero recuerdo de molestia de mi cuerpo, sin pensamientos malos dirigidos hacia él, sin limitaciones mentales. Un tiempo en el que nos íbamos de vacaciones con mi familia y me ponía la bikini con mi barriga de nena feliz y saltaba ‘bombita’ al agua. Un tiempo en el que mi apodo era ‘gordita’ y vestía ese título con orgullo porque estaba embebido en amor. Hoy utilizo la misma palabra para referirme a bebés y nenes chiquitos: ‘Que gordo hermoso’ con todas las ganas de pegarle un mordisco de ternura

Sí que tengo registro de ese tiempo en el que estaba completamente cómoda con mi cuerpo y salía de la pileta para encontrarme con mis galletas de merienda preferidas. Lo que no recuerdo es la cantidad de galletas ni cuándo paraba de comerlas, porque era irrelevante. Lo importante era la experiencia de chapuzones que estaba teniendo. Sé que lentamente fui aprendiendo a sentirme incómoda con mi cuerpo. Lo aprendí de mi entorno, del deporte que practicaba, de lo que hablaban en la televisión, de las charlas de las amigas de mi mamá que se sentían todas gordas. Si todos se sienten tan mal con sus cuerpos, entonces yo también tengo que aprenderlo. Y realmente no pasa por la forma que tenga tu cuerpo, sólo aprendimos a estar disconformes. Escucho a chicas hiper delgadas decir que se SIENTEN gordas y les molesta la panza que no tienen y la cola inexistente. Muy similar a lo que declaran los pacientes amputados con el Síndrome de Miembro Fantasma. A estos pacientes les duele la pierna que acaban de perder en una cirugía y que ya no está presente. Se retuercen de dolor, el cerebro busca el miembro y no lo encuentra. El cerebro no concibe que el miembro no esté ahí y genera dolor. Lo que nos duele es ese Gordo Fantasma dentro de nosotros al que le tenemos miedo y que nos incomoda aún cuando no está ahí.

Odiar nuestros cuerpos fue algo que aprendimos, y tengo mi vida como ejemplo de que es algo que podemos desaprender…

El movimiento del Body Positive todavía no se logra comunicar claramente. Muchos lo entienden como la lucha de hacer de un cuerpo más gordo el nuevo ideal. ‘Las mujeres reales tienen curvas’ y ‘talles reales para mujeres reales’ , en un intento de ser la voz del 95% de la población que nunca fuimos parte del ideal hegemónico. Pero la verdad es que el ideal no debería cambiar; el ideal debería ser abolido. No debería existir ninguna regla que mida los cuerpos, ni de las mujeres, ni de los hombres. ¿Ahora entendés el nombre de mi libro? Deberíamos celebrar absolutamente todos los tipos de cuerpos, porque tengo entre mis seguidoras chicas extremadamente flacas que no toleran vivir en sus cuerpo porque son flacos. Cuando estas chicas escuchan que los cuerpos de mujeres reales tienen curvas, menos quieren saber de la idea de aceptar sus cuerpos. Es el mismo mecanismo mental para diferente situación. Los que luchan con su ‘sobrepeso’ se autoboicotean comiendo y se hunden en su pena de no ser delgados. Los que luchan por aumentar de peso se autoboicotean olvidándose de que tienen que comer y se hunden en su pena de no poder subir de peso.

No debería existir nada externo como punto de comparación de nuestros cuerpos que determine el valor que sintamos por nosotros mismos. Y a este punto quería llegar… sabemos el mundo en que vivimos y como humanos siempre buscamos medirnos y comparar. En el caso en que en la sociedad siga existiendo un ideal a seguir, hacé de tu mente un lugar donde vos quieras vivir primero. Cambiá tu mente primero. Cambiando vos inspirás a los que te rodean. Y ocurre, a la gran Coronavirus (me voy al pasto con la comparación, perdón), el contagio comunitario. A la sociedad la construimos nosotros. Los cambios son siempre de adentro hacia afuera.

No es necesario que te ames incondicionalmente ahora mismo. Nadie puede saltar de toda una vida de odio autodirigido a cabalgar en unicornios de abundante aceptación. Si el Newsletter pasado todavía te hace ruido, y aceptarse aún se siente como un gran bebé que no parar de llorar dentro tuyo, por lo menos, RESPETATE.

Noe

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