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¿Qué es comer normalmente?

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Yo me lo pregunté durante años, porque estaba segura que no todas las personas sentían el descontrol que yo experimentaba con la comida. ¿Todas las personas tenían los lunes de resaca? Lunes se resaca de la cantidad de calorías que tenía encima, después de haber estado todo el fin de semana atracándome con todo lo que encontraba en la heladera, en la alacena y, porque no, con todo lo que iba a comprar a escondidas. 

Si vos también has pasado más de la mitad de tu vida en una lucha secreta con lo que te llevás a la boca, empezando todos los lunes una nueva dieta o regresando al régimen que te funcionó la última vez, capaz que estés tan perdida como yo lo estaba y no tengas ni un destello de recuerdo de cómo era comer normalmente, si es que alguna vez lo hiciste. 

¿Querés saber algo más? Llegué a pensar que mi ‘falta de control’ y sensación de constante inseguridad era algo que iba a tener que cargar por el resto de mi vida. Otras personas tienen adicciones, otras enfermedades crónicas, otras están en la calle sin un techo sobre sus cabezas. Yo tenía esto, era lo que me había tocado, con períodos de más tranquilidad, en los que podía respirar y vivir relativamente como el resto de las personas. Y con períodos de bajones, de depresión y en los que ya no quería vivir. 

Comencé a los 14 años con anorexia. Adoraba que todos me dijeran lo linda que estaba. Y sí, tenemos tatuado en la cabeza que la delgadez es belleza. Se sentía como estar en la cima del mundo. Llegué a pesar 37 kilogramos y a vivir con dos manzanas al día. Hasta que mi cuerpo no pudo más y mi mente me llevó a tener mi primer atracón (te dejo un Blog sobre los atracones). Luego de ese primer atracón, todo cambió. Comencé los períodos interminables de bajadas y subidas de peso que se extendieron por más de 10 años. 

El ciclo se repite bastante idéntico en todas las personas: 

  1. Te atracás de comida, principalmente los fines de semana cuando te liberaste de la fuerza de voluntad, y llegás al punto en que no podés moverte. 
  2. El castigo mental y el autobulling que perpetrás te lleva a la necesidad imperiosa de tener que cambiar tu vida bajando de peso. 
  3. Determinás empezar el lunes de nuevo la dieta y comenzás la semana con este envión de esperanza y nuevo aire de éxito. Comenzás el nuevo período de restricción. 
  4. No tolerás más la restricción, perdés la fuerza de voluntad y ese envión con el que te mantuviste la semana. Comenzás el ciclo de nuevo con otro atracón. 

Si viviste algo de esto, si te sentís identificada en algún punto, vas a querer seguir leyéndome todos los miércoles. Cuando tu comportamiento con la comida es tan desordenado, llega un punto en que ya no sabés siquiera como llegaste a donde estás ahora. ¿Es el peso? ¿Es la forma en que te ves? ¿Es miedo a seguir perdiendo el control? 

Por eso, si has luchado con tu imagen corporal pero con una compulsividad con la comida que subyace, es necesario reconectar con tu cuerpo. Porque acá el problema NO ES LA COMIDA. 

¿Cuántas de ustedes terminaron con depresión por no poder salir de este ciclo sin final? No poder tener estabilidad con tu propia persona te lleva a no confiar en nada. No podés confiar ni siquiera en tu cuerpo. Tu cuerpo seguramente no puede confiar en vos. Y no hay nada más que llene tus días que esta constante lucha. Todo se vuelve oscuro. Perdés sentido general de la vida. 

Todos los miércoles voy a estar mandando estos emails que te ayuden a ir atando cabos, uno a uno, para que vos misma te saques de esta situación. Mi ayuda no reemplaza la terapia convencional, pero el trabajo lo tenés que hacer vos. Mi idea es proveerte herramientas que seguramente todavía no te proveyeron, por eso seguro seguís sumergida en la oscuridad. 

Para que tengas un panorama en general, es a esto a lo que quiero que llegues:

  • Comés unas galletas dulces después de la cena, las disfrutás, y no sentís culpa ni descontrol. No te hace falta terminar todo el paquete ni desencadenar un atracón sin fin. Sentís cuando ya has tenido suficiente y podés parar. Tenés esta sensación de liviandad de que cualquier persona puede comer algunas galletas dulces después de la cena sin aumentar 10 kilos todos juntos. 
  • Podés pedir con libertad lo que realmente querés en un restaurante sin la ansiedad de siempre. Pedir lo que todos comen sin tener que ser la que siempre come una ensalada frente a todos para luego volver a casa a comer en escondidas lo que se priva en público. 
  • No tener terror extremo a la época de fin de año y a las fiestas, momento en el que hay mucha comida disponible y el miedo a perder el control es mayor. 
  • Tener confianza en tu cuerpo cuando en ciertas ocasiones sí comas demasiado y te sientas llena de más. Porque esas ocasiones existen y son necesarias. Pero no son justificación para el más absurdo ‘autobullying’ que siempre está presente en el fondo de tu cabeza. La confianza en el cuerpo hace que estés segura que tu metabolismo es lo suficientemente sabio como para procesar las calorías extras que te permitiste ingerir. 
  • No sentís la urgencia de ir al gimnasio para compensar lo que comiste de más. La actividad física es parte de tu crecimiento y está en tu vida para ser disfrutada, no para castigarte. Podés permitirte también faltar al gimnasio eventualmente sin esta sensación de que aumentás de peso si no asistís a alguna clase. 
  • El dinero que invertís en nutricionistas, nuevas dietas, pastillas, cremas y tratamientos para cambiar tu aspecto, lo empezás a invertir en sentirte bien.

¿Estás dispuesta a aventurarte en este camino? Liberarse del control y de las reglas con la comida pareciera ser una de las cosas más aterradoras que vas a tener que hacer, pero creeme. Esa brújula interna existe, sólo vamos a reencontrarnos con ella.  

Entonces, ¿cuál es el secreto de todo esto? El secreto es que TU CUERPO ES TU GUÍA. Y has estado desconectada de la comunicación con él por mucho tiempo. Suelen ser varios los motivos por los cuales nos desconetamos: abusos sexuales en la infancia, bullying, padres ausentes, no poder procesar emociones que cuando éramos niños se sentían muy fuertes o intolerables. Pero ya no tenemos que ser los niños de antes. Podemos ser los adultos que querramos ser. Y es momento de reconectarte con tu cuerpo, tu hogar. 

Ya no más ser esclavas de contar calorías, puntos, gramos, macronutrientes, horarios, reglas y volvernos locas. Vas a comer cuando tengas hambre y vas a detenerte cuando estés satisfecha. Vas a encontrar satisfacción y placer en comer sin ya tener que lidiar con la culpa. Cuando no tengas hambre, no vas a estar pensando en la comida, lo que te dará lugar a encontrar placer en otras áreas de tu vida. Vas a aprender que la comida no te saca el estrés o la ansiedad y vas a tener herramientas para entender cuándo tu hambre es real y cuando es meramente emocional. 

La clave de todo va a ser la flexibilidad. Vas a cambiar hábitos de elecciones de comida y de comportamiento frente a ella porque vas a aprender a ser compasiva con vos primeramente. Vas a tenerte paciencia. Y vas a amarte en el proceso. Cuando comiences a confiar en tu cuerpo, a escuchar más claramente sus señales y la manera en que se comunica con vos, vas a estar en total capacidad de separar tus emociones de la comida. Eso bajará la ansiedad en las ocasiones en las que tengas que tratar con comida. Vas a poder compartir con tus amigos y compañía en general, prestando más atención a los eventos y situaciones que a la comida disponible. 

TU CUERPO TE VA A GUIAR.  

Sólo hay una condición que suele ser muy dolorosa: vas a tener que dejar el deseo de bajar de peso de lado por un tiempo, porque sino ese deseo va a interrumpir la comunicación sincera y transparente con tu cuerpo. Y es aquí donde la mayoría no se atreve a avanzar. No querer soltar la ilusión que nos llevó a estar en el descontrol en el que estamos hoy. 

¿Estás dispuesta a transitar el proceso? 

Con todo mi corazón. 

NOE

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